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viernes, 6 de junio de 2008

Rambo saluda a los enemigos de la democracia


¿No lo recuerdan? ¿No me creen? Pues he aquí la escena final, antes de los créditos, de Rambo III. Sin Photoshop ni nada.

Empero, para quien vio Rambo III y se acuerda, no debería extrañarse. John Rambo debe viajar a Afganistán para rescatar a los prisioneros de la invasión rusa, entre ellos su mentor, el coronel Samuel Trautman. Rambo entabla amistad con el pueblo nómada Afganistán (que en ese entonces eran víctimas de un enemigo mayor, los rusos comunistas), aprende de su historia como pueblo valeroso y de las numerosas invasiones que han rechazado a lo largo y ancho de la historia, y al final del día salva a todo el mundo. Todo esto con un conteo total de 132 malosos muertos (78 por la mano de Rambo). Cresta, si fue esta LA película que atrajo la atención mundial a la situación caótica del Medio Oriente.

Estuve leyendo al respecto, y hay opiniones divergentes: supuestamente los Mujahideen (el pueblo nómada que lucha codo a codo con John Rambo) no tendría relación con los futuros Taliban; algunos dicen que sí. La verdad no me preocupa tanto pues no es mi punto. Aún si resultó o no resultó una vuelta de la tortilla, desde el punto de vista del discurso: que esta gente es corajuda y luchadora, y que más vale no meterte con ellos.

Rambo, una película donde lo que importa es cuántos mueren y cómo; Rambo, un producto de la supuesta “maquinaria de atontar masas”, se convierte por casualidades del flujo histórico en lo subversivo. La historia de Rambo III es un cáncer para toda construcción futura de una imagen en la ficción pop, hecha de afganos salvajes, brutales y cualquier otro denostativo que a la industria hollywoodense se le pueda ocurrir.

Si tuviese la oportunidad de hacer clases sobre la memoria como un artificio, Rambo III sería mi elección preferida para dar el ejemplo. Ver esta película sirve como pista para entender que la historia universal la construyen los ganadores, y son ellos quienes definen a los buenos y a los malos del cuento.

En una escena donde intentan arrancarle información al coronel Trautman, el hombre se manda un monólogo sobre lo inconquistable que son, llegando a comparar Afganistán con “el Vietnam de los rusos”, y que deberían aprender de la historia. De esto puedo concluir que Bush nunca vio Rambo III.

lunes, 5 de mayo de 2008

Diego y Glot


Puchas que me gusta Diego y Glot. O me gustaba, debería decir. Hasta donde sé, no lo repiten en la programación actual. Por lo que he leído, se supone que en el 2007 vendría una nueva temporada y una película (para cosechar la fama de Pulentos), cosa que nunca fue. Parece que el ponerle atención al público infantil pasó de moda, o al menos fue reemplazado por el modelo Amango. Lo que me entristece, ya que ese es un modelo exportado de USA (High School Musical y demás) y dudo que veamos tanta personalidad en esos programas como la que se veía en la generación 31 Minutos.

En corto: Diego y Glot se trata se las desventuras de la familia Plá Perez, exponentes clásicos de lo que podríamos llamar chilenos medios. Viven en un barrio que podría ser cualquiera entre D y C2, tienen un auto chico pero fiel, se reúnen en familia (y vecinos) para el Clásico. El protagonista es Diego, niño de 10 años, y su perro verde Glot. ¿Por qué es verde? Nunca se explica… sería el elemento realista mágico, el único por suerte. Se retratan sus vecinos, sus amigos del colegio, y las cosas que le pasan, típicas y no tanto de los cabros de 10 años.

Lo que nos lleva al tema: ¿Por qué me gusta tanto? (y el tema secundario: ¿Porqué vale la pena escribir sobre unos monitos animados acá?) Y yo diría: por la capacidad de los creadores para representar la realidad nacional (bueno, santiaguina). Todos los detalles son algo que hemos visto o vivido: desde el liceo semi-subvencionado Pablo Neruda hasta el tipo que camina por Ahumada con 35º encima y revienta. Diego y Glot está repleto de lo que podría llamar idiosincrasia. Y no es la típica idiosincrasia despectiva que muestran los chilenos cuando crean algo, sino una idiosincrasia hecha con cariño.

También está la representación de nuestros íconos Pop: podemos ver a Don Francisco, a los Prisioneros, al perro Lenteja, a Pedro Carcuro, y un largo etc. de personajes de la memoria colectiva. Toman el ejercicio pop de recolectar modos, prácticas, símbolos y empaquetarlos como testimonio de su existencia, y lo hacen con éxito. Se cuenta la historia que no saldrá nunca en los libros de historia, y que es igualmente importante.

En el debate sobre la cultura chilena y cómo los malvados gringos nos la quitan, por lo usual se refiere a la cultura desde el punto de vista humanista, o sea la producción cultural de alto valor reflexivo y emocional (y que sea buena también). Nadie considera a la cultura en el sentido de las ciencias sociales, como las cosas que vemos y practicamos en la vida cotidiana. Pues sepan que la cultura son todos esos símbolos, lugares comunes y referencias. Nuestra alta cultura es escasa, y nuestra cultura popular se reduce a la producción de los años 60’ y 70’ .Saludo a Diego y Glot por haber hecho un ejercicio diferente, y que nadie se atreve a hacer: decirnos que Sábados Gigantes y Don Graff son también cultura.

En la serie otro tema presente es la competencia de “lo chileno”, inmerso en un contexto de imperialismo cultural (ya se imaginarán de donde). Y no, no se hace a través del típico ladrillazo nacionalista-revolucionario. El mensaje se encuentra en los detalles: en la frase que exclama Diego al final de un episodio (“al final, prefiero chilito… ¡Mira papá, un mall!), en las “sopaipillas a domicilio y con salsa BBQ”, en el paseo a la Nasa Shile (sic), son casos y cosas que se captan y divierten por lo verídico de la situación. ¿Es una transformación truculenta? No lo creo. Más que una competencia, se trata de una relación simbiótica. Es lo que nuestros defensores de la cultura siempre olvidan: que al final todo esto es una transmutación, un juego donde las prácticas pasan de una civilización a otra y se transforman, desfiguran y renacen con otros nombres[1]; muy contrario a la imagen mustia y estática de los defensores de la cultura, quienes creen que la capacidad de crear dejó de existir en Chile hace 30 años.

Aunque nostálgico en su contenido (la infancia de Diego se parece harto más a la mía que a la de su público objetivo), Diego y Glot tiene una sinceridad y positivismo hacia lo que somos y lo que seremos.


[1] Miren el caso Japón: después de la segunda guerra, absorbieron como esponja casi todas las costumbres norteamericanas; hoy en día tienen unos objetos culturales tan idiosincrásicos que son pocos los que entienden cual es su parada.

lunes, 4 de febrero de 2008

Paleofuturismo

Once my friends and I read science fiction tales
We dreamed of space, and rockets to the moon.
Some day we'd live to walk upon the planets;
The future, oh it couldn't come too soon.

Now it's long past the time we called the future
And still we carry on from day to day.
The wonders of tomorrow still elude us;
Reality keeps getting in the way.

And the starlit crystal spires along the Grand Canal,
The cloudlight on the warm Venusian sea,
Have vanished, like the stuff that dreams are made of;
The future isn't like it used to be...

- Stephen Savitsky (The Stuff That Dreams Are Made Of)


Vaya que es una palabra difícil esa… El paleofuturismo es, básicamente, el estudio arqueológico de cómo se imaginaban el futuro los hombres del pasado. De allí viene la parte paleólogica: para aprehender la visión futurística de nuestros antepasados, se utiliza una gama de documentos desperdigados por el mundo: afiches, videos instructivos, experiencias de eventos (la World Fair, por ejemplo), etc. etc. a través de estos medios es posible reconstruir cómo los hombres del pasado se imaginaban que íbamos a vivir.

Si bien sería posible hacer un estudio en cualquier época, en cualquier cultura, sobre cómo los individuos se proyectaban hacia el futuro, es durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX donde el futurismo es practicado. Durante este periodo de la historia, la fe en las capacidades de la ciencia era ilimitada. Por ello, muchas veces los planeadores del futuro que es hoy podían darse el lujo de abusar del abundante material de su imaginación; llenar los hoyos de lo científicamente imposible con la infinitud de los sueños.

El paleaofuturismo nos revela que ese periodo de 100 años se caracterizó, por encima de todo, por la ingenuidad. No tenían miedo a ponerle fecha y hora al momento en que todos los ciudadanos tendrían zapatillas con cohetes de propulsión a chorro integrados, o cuándo se inauguraría el primer mall en Marte.

Ciertamente se produce un choque cuando los cínicos investigadores del siglo XXI se topan con afiches de máquinas de escribir telepáticas o píldoras de pavo asado. Los teóricos ven en esto la necesidad de proyectarse hacia el futuro debido a la inestabilidad del presente, en especial entre los años 30 (con un mundo agobiado por la gran depresión) y los 60 (la incertidumbre y la inseguridad producida por la Guerra Fría). El paleofuturismo en muchas ocasiones se vuelve una curiosidad, una superficial burla a los desvaríos de un momento de la civilización donde a la imaginación se le pasaba la mano. Aún en los medios populares podemos ver la ridiculización de esto.[1]

Existen dos razones para explicar tanto cinismo: primero, el carácter postmoderno (sí, lo sé), que destruye las grandes metanarrativas (lo siento, me da paja explicar la condición postmoderna, y en verdad no creo poder hacerlo muy bien). Segundo, la pérdida de la fe en el futuro, y lo que la ciencia puede lograr allí. No es casualidad que, para los hombres del siglo pasado y el antepasado, el tercer milenio simbolizaba el momento de la historia en que llegaría la utopía. Pues bien, pasamos el año 2000, y sólo nos queda un montón de promesas incumplidas.

En verdad, lo que veo detrás del ánimo satírico es un poco de envidia. ¿Cómo nos imaginamos nosotros el futuro? Simplemente no podemos. Miren a los autores de ciencia ficción (aunque no se le llame así) de hoy en día: el futuro que intentan describir es aquel inmediato; como máximo 3 años en adelante, y algunos que sólo se atreven a aventurarse en términos de semanas En vez de los Supersónicos, nuestra aproximación apunta más hacía lo que vimos en Niños del Hombre o Minority Report. El futuro es, o bien un upgrade de lo que tenemos ahora, o bien derechamente una distopia total.

Podemos reirnos a gusto de la ingenuidad de nuestros antecesores, pero en el fondo sabemos que nuestra situación es peor. Ellos se atrevieron a soñar; nosotros ni siquiera tenemos una base para intentar adivinar hacia dónde vamos.

Link muuuuuuuy recomendado: http://www.paleofuture.com/


[1] La referencia más obvia que se me ocurre sería Futurama. Por otro lado, los escritores llegan a sobrepasar la sátira y reflexionar sobre el romanticismo de los futuristas vs. la dura realidad. Vean, por ejemplo, el capítulo de cuando Fry viaja a una mercantilizada Luna: pienso que capta a la perfección lo que estoy tratando de decir aquí.

sábado, 22 de diciembre de 2007

El verdadero sentido de la Navidad


Conmemorando la fecha especial que se avecina, me propuse componer un tópico especial sobre la Navidad, esa extraña fiesta que algunos aman, algunos odian, pero que todos deben celebrar por honor a los hermanitos, primitos e hijitos.


¿De donde se origina la Navidad como nos la venden los gringos? Existen al menos 3 referentes de importancia en la historia:


- La Saturnalia, celebración romana que duraba entre el 17 y el 25 de diciembre (aunque otras fuentes dictan que terminaba el 23). Durante esta festividad las cortes romanas se cerraban y se decretaba que nadie podía ser castigado por daños a la propiedad o a terceros. La festividad comenzaba cuando el 17 se elegía a un individuo para representar al “Enemigo de Roma”. Cada comunidad elegía a alguien para ser “El Señor del Desorden“. Se le forzaba a gozar de los más diversos placeres. El día 25, para simbolizar la destrucción de las fuerzas oscuras, los elegidos eran sacrificados. El poeta e historiador griego Luciano describe las costumbres de la Saturnalia: intoxicación masiva; ir de casa en casa, desnudo, cantando (podríamos ver en esto el precursor de los villancicos); violación y otras formas de sexualidad licenciosa; y consumo de bizcochos del porte de un humano. Otra costumbre muy particular la describe el poeta Cátulo: durante la Saturnalia, los roles de amo y esclavo se invertían. Los amos servían opulentas comidas a los esclavos, quienes se dejaban llevar por el placer, el ocio y las apuestas. Una costumbre originada en Saturnalia, y que se mantendría hasta nuestros días, es la de intercambiar regalos.


- Sol Invictus es otra celebración romana, de carácter similar. Mientras que la primera se hacía en honor a Saturno, dios romano del sol (que era una adaptación del griego Crono), la segunda es en nombre de aquellos dioses adorados después de Saturno. Sol Invictus no es un nombre, sino un título que hace referencia a la deidad identificada con el sol, y en Roma fueron 3 los dioses con tal título: El Gabal, Mitras y Sol. La celebración de Sol Invictus permitía la adoración de varias deidades solares a la vez. Coincidentemente, se celebraba el 25 de diciembre. Se dice que el gran aporte de esta festividad al cristianismo fue de simbología y lenguaje artístico. Por ejemplo, el famoso halo que porta Jesús sobre su cabeza (y que pasaría a ser símbolo popular de pertenencia al más allá, al cielo en específico).


- La Fiesta de Yule era una celebración tradicional de los países escandinavos, asociada con el solsticio de invierno. Numerosas costumbres que se mantuvieron hasta la Navidad actual, que tendrían origen en esta celebración, son: la de adorar y decorar árboles, intercambiar regalos, colgar ramas de muérdago y acebo, el sacrificio y luego consumo de un jabalí (estás 2 últimas son propias de los países anglosajones, cambiando el jabalí por pavo o jamón). Como nota aparte: algunos grupos neopaganos, como los Wiccans, han resucitado el Yule.


Dependiendo de la interpretación histórica se daría mayor importancia a una festividad que a otra. En todo caso, es un hecho que, en el siglo IV, los cristianos importan estas festividades, con esperanzas de atraer a las masas paganas. Así, si se cree en la predominancia de la Saturnalia, se hipotetiza que los cristianos adaptaron las fechas a conveniencia: el día final de la celebración era la fecha del nacimiento de Jesús. El problema era lo incompatible de los valores cristianos con estas festividades paganas. Al final, la Iglesia accedería a la mala, y la recién creada Navidad se caracterizaría por costumbres similares a las ya practicadas: beber alcohol en exceso, indulgencia sexual, cantar desnudo en público, etc. (incluso hoy podemos encontrar ese contraste paradójico entre cristianismo y paganismo en la Navidad). La asociación de la Navidad como día licencioso se mantendría durante la Edad Media. Algunas de las costumbres más maliciosas serían revividas esporádicamente por la misma Iglesia Católica. En 1466, el papa Pablo II organizó, para el goce del pueblo de Roma, una carrera de judíos. Se les obligaba a despojarse de sus ropas, y se les daba cuantiosas comidas antes de soltarlos a las calles.


No sería hasta el siglo XVI que se daría la gran transformación. Todo comienza con la Reforma, aquella que segmentaría al cristianismo en 2 facciones: católicos y protestantes. Respecto a la navidad, los protestantes creían que la festividad era un despojo que había quedado del maligno catolicismo, y que se encontraba demasiado desviada del sentido cristiano original (sic). La tarea de los puritanos en reinventar la Navidad es en extremo importante. Llega un momento en que, en medio del siglo XVII, se prohíbe la celebración en Inglaterra y sus colonias, lo que produciría numerosas revueltas en contra del rey. La Navidad pasa por un periodo de 2 siglos de oscuridad, hasta que en los 1800s surge un nuevo interés por resucitarla, pero con un nuevo énfasis hacia la familia, la buena voluntad, la compasión, la caridad y otros valores cristianos, por encima del hedonismo y los excesos. La literatura ayuda a expandir esta visión, con obras como Cuento de Navidad de Charles Dickens (reciclada tantas veces por la televisión que resulta imposible no saber de que va la historia).


Y sería esta Navidad la que, al alero de Estados Unidos, se propagaría por el mundo. El resto es historia...


viernes, 20 de julio de 2007

“Mal pero acostumbrau”

"De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro"

- Roberto Fontanarrosa

Mierda, recién empiezo mi labor bloguística y ya estoy escribiendo obituarios. Pero es que cierto hombre se lo merece. Encima que veo difícil que alguien no argentino le dedique unas palabras. Hay algo de heroico en ensalzar y defender la obra de un desconocido.

Ayer, mientras Chile entero se unificaba para entregarse a la loable misión a putear la Argentina entera, yo trasmitía mis pésames (gracias al poder de la telepatía hipotética y los nicks de Messenger) para uno de los autores argentinos más grandes que ha visto el país, y uno de los más difíciles de importar: Roberto Fontanarrosa, quien este jueves 19 falleció por un paro cardiorrespiratorio, producto de la enfermedad degenerativa (esclerosis lateral amiotrófica) que lo consumía desde el 2003. Hombre sencillo como los hay, dedicó su vida a difundir los grandes placeres de la vida: la comedia y el fútbol. De lo segundo mostraba un amor y dedicación que ahora se manifiestan como fetichización y violencia. Tal era su pasión que se presentaba a sí mismo como “escritor, humorista gráfico e hincha de Rosario Central”.

Biografías pueden encontrar en cualquier lado; mi labor es describir las virtudes de su obra (y por qué merecen un sitio dentro de este blog), la que podemos dividir en 4 orientaciones: sus cuentos y sus historietas, las que podemos subdividir en las tiras de una página, las tiras de Inodoro Pereyra, y las de Boogie el Aceitoso.

De los cuentos no puedo hablar mucho, nunca me atrajeron, siempre los sentí como peces fuera del agua. Las tiras de una página hablaban de temas perennes frente al calendario: el fútbol, el arte, la política y el amor. Temas barnizados con una capa de actualidad al hacer referencia a hechos recientes, pero que al sólo ser una cubierta superficial permitían al núcleo mantenerse fuerte. La fórmula común para sacar la risa consiste en mostrar los contrastes existentes en el lenguaje diario, entre el discurso y la realidad. Aquí se perfila en buena parte esa capacidad única para convertir las palabras en un objeto de juego, con las que es posible crear, reciclar y reformar a gusto.

Inodoro Pereyra es su creación más popular (hablando en términos relativos). Cuenta las vivencias de Inodoro, el último gaucho auténtico de la Patagonia, y de su fiel compañero, el perro Mendieta. A través de esta figura mítica, Fontanarrosa recrea la experiencia de la identidad argentina, cómo frente a un mundo de McDonalds y M16s, el hombre se defiende con la matera y la boleadora. A través del humor se reflexiona acerca de qué significa ser argentino, y más importante, qué significa ser argentino dentro del globo; y cómo sortear la falta y la pobreza a través del ingenio. Es también una exaltación hacia la narrativa, sobre el poder detrás del castellano y del “argentino”. Es en Inodorodo donde Fontanarroso se muestra como maestro, donde el lenguaje cobra vida por sí solo y se pasea por sobre nuestras cabezas, capacidad que pocos hispanoparlantes pueden realmente presumir de poseer.

Me guardaba a Boogie para el final; que puedo decir, salvo que es mi favorito. Es extraña la contradicción de Boogie el Aceitoso: es la obra menos conocida de Fontanarrosa y la que más prontamente abandonó, pero es la que más posee potencial para difundir a Fontanarrosa por el mundo. Porque mientras que los trabajos antes mencionados se manejan bajo códigos culturas y de identidad propias de la argentina, Boogie funciona en un contexto universal. Su idiosincrasia toma elementos del film noir americano, de las películas de detectives, policías y ladrones. A través de estos códigos crea un mundo basado en la degradación, una sociedad decantada donde cohabitan drogadictos, psicópatas, mujeres de oscuro pasado (y más oscuro presente) y veteranos de Vietnam. El escenario elegido es Nueva York, icono de la lucha por la sobrevivencia, de la victoria del criminal y el astuto por sobre los virtuosos. Este es un mundo en que la muerte no es suceso, sino anécdota, y los sobrevivientes se adaptan para hacerlo parte del paisaje, un hecho tan banal como las hojas que caen o los humos que emanan del alcantarillado.

En este mundo vive Boogie, mercenario a tiempo completo y epítome del cliché holliwoodense de “tipo duro”. Fontanarrosa logra ajustar su lenguaje a esta nueva situación: si Inodoro es poético, ambiguo y algo melancólico, Boogie es lacónico, áspero y desesperanzado. Es absurdo y sombrío, pero al final resulta una bien direccionada hipérbole de la realidad que nos toca vivir.

Me despido de un genio, que como su compatriota Quino, supo retratar la condición humana en secuencias de dibujitos.



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