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jueves, 3 de enero de 2008

Guerra Santa en el pasillo 6


(Entre continuación y apéndice del texto anterior)

Las cosas nunca se quedan como están, y pasa lo mismo con la Navidad. El siglo XX dio lugar a un extraño acontecimiento, una reversión de la historia: la secularización de la Navidad. Esta es una tendencia que surge en los países protestantes, donde se conformó la Navidad, y especialmente en Estados Unidos (esto lo explicaré después).

La primera razón por la que ocurre esto es la conocida divisa de “división Religión-Estado” de una sociedad desarrollada. Según la visión modernista, un Estado intrínsecamente relacionado con la religión es signo de debilidad, de subdesarrollo.

La segunda razón es que la Navidad es reconocida como actividad que promueve el desarrollo del consumo. Esta es una verdad aceptada hace ya bastante tiempo: al punto de que el presidente Roosevelt (recuerde que esto es durante la Gran Depresión) cambiaría la fecha del día de Acción de Gracias, para alargar el periodo de consumo incentivado a un mes. Los valores cristianos nos hablan de ayuno y frugalidad, enemigos del consumismo. Para que la Navidad funcione como micropotencia económica, se necesita retomar el camino hedonista de la celebración.

La tercera razón, y esta es la más reciente, es la llamada “condición postmoderna” (sic para el que lo lea), donde el discurso social admite que vivimos en un mundo de diferencias entre raza, religión e ideología. Dentro del nuevo mundo pluralista, no es posible acepta a la Navidad como era dibujada antes, como una imposición de los valores cristianos. Los defensores de la multiculturalidad ven en la Navidad una sumisión total del globo al Dios cristiano, a los valores impartidos por Jesús (no el de Jerusalén).

Los primeros en combatir la hegemonía del 25 de Diciembre vendrían a ser los judíos (quien veía especiales navideños de los monos animados en los años 80 y 90 recordará como de a poco se reivindicaba el Hanukkah). Las minorías raciales también encontrarían su contraataque con la creación del Kwanzaa. Pronto, los espectadores postmodernos buscarían de una cultura a otra alguna festividad acorde para celebrar a su manera, sin compromisos, sin importar lo rebuscado de su origen; desde el rescate de la Fiesta de Yule hasta la Noche de los Rábanos. El cinismo y el desapego a los valores fundamentalistas, actitud típica postmoderna, llevarían a la fabricación de festividades de tono paródico, como el Festivus.

La navidad secularizada, como se vio, es resultado de nuestra sociedad políticamente correcta. ¿Y qué pasa con los que no les interesa la condición postmoderna? Es aquí donde nace un singular conflicto, entre los que abogan por el discurso de una sociedad que debe aceptar todas las formas de cultura humana, y los que crecieron con el discurso de que la Navidad es la época donde lo mejor de cada uno aparece.

Un caso especial que quisiera tomar como ejemplo, son los numerosos boicots que se han organizado en contra de las grandes tiendas estadounidenses por marketear su versión secularizadas de las fiestas. Esta es una tendencia iniciada alrededor del año 2004, y que ha presionado con fuerza entre los empresarios. Es una maravilla para los lingüistas: el conflicto puede originarse por el simple hecho de que los vendedores utilicen las palabras “felices fiestas” en lugar de “feliz Navidad”.[1] Actualmente, las guerillas y protestas de los cristianos occidentales reflejan una especie de paranoia; sostienen la creencia (debatiblemente no irracional) de que el mundo del siglo XXI ejerce una campaña de “anticristianismo”. Pero eso ya sería materia de un artículo propio.

Como referencia videográfica final, recomiendo el capítulo de South Park Mr. Hankey, the Christmas Poo (o como lo traducían los venezolanos o colombianos o quien fuera que hizo el doblaje que vi: “Sr. Mojón, la caca navideña”).


[1] Navidad en inglés es Christmas, palabra que refiere directamente a Cristo, por ello es que resulta políticamente más “peligrosa” que nuestra Navidad.

sábado, 22 de diciembre de 2007

El verdadero sentido de la Navidad


Conmemorando la fecha especial que se avecina, me propuse componer un tópico especial sobre la Navidad, esa extraña fiesta que algunos aman, algunos odian, pero que todos deben celebrar por honor a los hermanitos, primitos e hijitos.


¿De donde se origina la Navidad como nos la venden los gringos? Existen al menos 3 referentes de importancia en la historia:


- La Saturnalia, celebración romana que duraba entre el 17 y el 25 de diciembre (aunque otras fuentes dictan que terminaba el 23). Durante esta festividad las cortes romanas se cerraban y se decretaba que nadie podía ser castigado por daños a la propiedad o a terceros. La festividad comenzaba cuando el 17 se elegía a un individuo para representar al “Enemigo de Roma”. Cada comunidad elegía a alguien para ser “El Señor del Desorden“. Se le forzaba a gozar de los más diversos placeres. El día 25, para simbolizar la destrucción de las fuerzas oscuras, los elegidos eran sacrificados. El poeta e historiador griego Luciano describe las costumbres de la Saturnalia: intoxicación masiva; ir de casa en casa, desnudo, cantando (podríamos ver en esto el precursor de los villancicos); violación y otras formas de sexualidad licenciosa; y consumo de bizcochos del porte de un humano. Otra costumbre muy particular la describe el poeta Cátulo: durante la Saturnalia, los roles de amo y esclavo se invertían. Los amos servían opulentas comidas a los esclavos, quienes se dejaban llevar por el placer, el ocio y las apuestas. Una costumbre originada en Saturnalia, y que se mantendría hasta nuestros días, es la de intercambiar regalos.


- Sol Invictus es otra celebración romana, de carácter similar. Mientras que la primera se hacía en honor a Saturno, dios romano del sol (que era una adaptación del griego Crono), la segunda es en nombre de aquellos dioses adorados después de Saturno. Sol Invictus no es un nombre, sino un título que hace referencia a la deidad identificada con el sol, y en Roma fueron 3 los dioses con tal título: El Gabal, Mitras y Sol. La celebración de Sol Invictus permitía la adoración de varias deidades solares a la vez. Coincidentemente, se celebraba el 25 de diciembre. Se dice que el gran aporte de esta festividad al cristianismo fue de simbología y lenguaje artístico. Por ejemplo, el famoso halo que porta Jesús sobre su cabeza (y que pasaría a ser símbolo popular de pertenencia al más allá, al cielo en específico).


- La Fiesta de Yule era una celebración tradicional de los países escandinavos, asociada con el solsticio de invierno. Numerosas costumbres que se mantuvieron hasta la Navidad actual, que tendrían origen en esta celebración, son: la de adorar y decorar árboles, intercambiar regalos, colgar ramas de muérdago y acebo, el sacrificio y luego consumo de un jabalí (estás 2 últimas son propias de los países anglosajones, cambiando el jabalí por pavo o jamón). Como nota aparte: algunos grupos neopaganos, como los Wiccans, han resucitado el Yule.


Dependiendo de la interpretación histórica se daría mayor importancia a una festividad que a otra. En todo caso, es un hecho que, en el siglo IV, los cristianos importan estas festividades, con esperanzas de atraer a las masas paganas. Así, si se cree en la predominancia de la Saturnalia, se hipotetiza que los cristianos adaptaron las fechas a conveniencia: el día final de la celebración era la fecha del nacimiento de Jesús. El problema era lo incompatible de los valores cristianos con estas festividades paganas. Al final, la Iglesia accedería a la mala, y la recién creada Navidad se caracterizaría por costumbres similares a las ya practicadas: beber alcohol en exceso, indulgencia sexual, cantar desnudo en público, etc. (incluso hoy podemos encontrar ese contraste paradójico entre cristianismo y paganismo en la Navidad). La asociación de la Navidad como día licencioso se mantendría durante la Edad Media. Algunas de las costumbres más maliciosas serían revividas esporádicamente por la misma Iglesia Católica. En 1466, el papa Pablo II organizó, para el goce del pueblo de Roma, una carrera de judíos. Se les obligaba a despojarse de sus ropas, y se les daba cuantiosas comidas antes de soltarlos a las calles.


No sería hasta el siglo XVI que se daría la gran transformación. Todo comienza con la Reforma, aquella que segmentaría al cristianismo en 2 facciones: católicos y protestantes. Respecto a la navidad, los protestantes creían que la festividad era un despojo que había quedado del maligno catolicismo, y que se encontraba demasiado desviada del sentido cristiano original (sic). La tarea de los puritanos en reinventar la Navidad es en extremo importante. Llega un momento en que, en medio del siglo XVII, se prohíbe la celebración en Inglaterra y sus colonias, lo que produciría numerosas revueltas en contra del rey. La Navidad pasa por un periodo de 2 siglos de oscuridad, hasta que en los 1800s surge un nuevo interés por resucitarla, pero con un nuevo énfasis hacia la familia, la buena voluntad, la compasión, la caridad y otros valores cristianos, por encima del hedonismo y los excesos. La literatura ayuda a expandir esta visión, con obras como Cuento de Navidad de Charles Dickens (reciclada tantas veces por la televisión que resulta imposible no saber de que va la historia).


Y sería esta Navidad la que, al alero de Estados Unidos, se propagaría por el mundo. El resto es historia...


domingo, 9 de septiembre de 2007

Marx y las fiestas patrias


[Fragmento de un ensayo de Sociología Económica. ¡No me copie!]

Bastante se ha esparcido el dato, respecto a la discusión acerca del 17 de septiembre como día feriado, de que el instituto Libertad y Desarrollo calcula que las pérdidas para el país por un día feriado son de 270 millones de dólares. Este dato, que no representa el costo neto (sin calcular los beneficios).

Al estimar el costo de un feriado, cabe preguntarse qué elementos entran en juego. Se toma en cuenta todo el trabajo hipotéticamente realizado dentro de ese día. Un cálculo tal, considerando los elementos sociales dentro de la economía, resulta cuando menos burdo. También permite introducir la pregunta de qué es considerado como trabajo productivo.

Marx distinguía el fenómeno de la plusvalía como el excedente de productividad que un trabajador genera en relación con el precio de su mano de obra. Distinguía entre una plusvalía absoluta que es la generación de excedente por medio de un mayor tiempo de trabajo del necesario, y la plusvalía relativa, la generación de excedente por medio de una mayor productividad por parte del trabajador de la necesaria.

El problema acerca del 17 feriado muestra que existe una noción de tiempo perdido, tiempo que de otro modo podría usarse para generar ganancia. Prueba de ello es el reglamento que se aplicó al aprobar la ley:

Los cambios aprobados permiten extender la jornada laboral de los dependientes del comercio durante los 15 días anteriores a Navidad, hasta en 2 horas diarias, pero con un tope equivalente a 9 días. La futura ley también dispone que la jornada no podrá extenderse más allá de las 23 horas. Asimismo, los empleados del comercio no podrán trabajar más allá de las 20 horas los días 24 y 31 de diciembre; el incumplimiento de estas normas se sancionará con una multa de 5 UTM ($165.000) por cada trabajador afectado por la infracción. Tratándose de empresas con más de 50 trabajadores, la multa será de 10 UTM ($330 mil) por cada empleado y de 20 UTM ($660 mil), si son más de 200 los trabajadores contratados.[1]

Como se observa, la aplicación de la ley dentro de la Cámara de Diputados se refiere al problema de los feriados “Sándwich” únicamente en términos de tiempo, o usando el vocabulario de Marx, en términos de plusvalía absoluta. Este modelo de “explotación” corresponde al trabajador de la fábrica, al que se le estimaba una producción constante bajo un horario de 12 horas diarias o más. Eran otros tiempos, donde ni siquiera existía el concepto de la cuestión social, ni las leyes para los trabajadores.

El hecho de que se hagan leyes de trabajo pensando sólo en cuestiones de tiempo dice cosas muy malas sobre el trato que se les da a los trabajadores. Socialmente es sumamente reprochable. Cualquier libro de historia coincide en que el siglo XIX fue una era de pauperización, y la idea de que se esté planteando la economía chilena en conceptos similares, da para sentir escalofríos.

Pero también tiene una connotación negativa en términos económicos. Pensando en la producción pura, el hecho de que el trabajo sea considerado como una cuestión de tiempo no lleva a ningún lugar. Se utiliza una concepción del trabajo que es, dejando de lado los eufemismos, retrógrada. Marx ya hablaba de cómo el nuevo objetivo del capitalista era de maximizar la producción dentro de un horario establecido. Asimismo, todo el enfoque sobre el tema del trabajo dentro de la segunda mitad del siglo XX y el siglo XXI ha sido el de maximizar la producción a la vez que se minimiza el tiempo transitado. Como ejemplo: empresas exitosas como Google[2] ya orientan a sus empleados exclusivamente a la producción de metas, sin ningún tipo de restricción de horario (salvo las fechas límite).

Pensar la producción como una cuestión de tiempo perdido es una simplificación inadmisible en eras de conciencia social y globalización. Incluso desde el punto de vista de una economía “desocializada”, implica una noción arcaica de lo que se considera como productivo, y por tanto una pérdida e capital humano. Y esto es algo que ni el más sanguinario de los neoliberales podría discutir sin llegar a los clasismos y al estereotipo.


[1] http://www.camara.cl/diario/noticia.asp?vid=27343

[2] http://money.cnn.com/magazines/fortune/bestcompanies/2007/snapshots/1.html